My La La Land Obsession

Podemos decir que este post es una carta de amor.

Es oficial, La La Land ha llegado para quedarse en mi corazón. Empezaré por el principio: Cuando leí que Damien Chazelle iba a hacer un musical, después de lo que me apasionó Whiplash, la emoción era latente. Pero es que cuando vi que los protagonistas eran Ryan Gosling y Emma Stone ya no podía aguantarme. Cuando llegó el día de ir al cine debo confesar que tenía miedo. Le había gustado tanto a todo el mundo y el hype era tan alto, que sentía que me iba a decepcionar. Pero estaba muy equivocada, y menos mal. No sé por donde empezar. La fotografía es un sueño, las localizaciones son increíbles, hay planos secuencias que me dan ganas de llorar (ese momento en la fiesta cuando Mia sale del baño y va todo a cámara lenta...), la iluminación de teatro, con los focos, los oscuros... Todo. 

La historia, sí, podéis decir que es simple, un cliché hollywoodiense, lo que queráis, pero está contada de una manera tan bonita que la hace especial. Todos tenemos sueños, podemos perseguirlos o renunciar a ellos. Hacemos sacrificios, nos decepcionamos, nos ilusionamos, pero los sueños siempre siguen ahí. Pueden cambiar, pueden evolucionar, pero siempre soñamos.

Siento especial conexión con el personaje de Mia, sus sueños de ser actriz, sus frustraciones, los momentos en los que piensas que no eres suficiente, que te has equivocado, que tienes que madurar y dejar los sueños atrás. Es devastador.

No os confundáis, La La Land no es alegría y números musicales todo el rato. Damien Chazelle te suelta tortazos de realidad que te rompen el corazón, con luces y colores bonitos, pero dolorosos (esa conversación cuando Seb le sorprende con la cena... Auch!!!).

Luego están ellos, claro, comiéndose la pantalla y enamorando a toda la sala. Lo que me gusta de los personajes es que son reales, no están idealizados ni son una parodia. Tienen defectos y los muestran, se equivocan y tropiezan, y eso me encanta. Fueron muchos los momentos en los que sentía la necesidad de llorar pensando en todas las veces que he dejado de soñar o me he equivocado como ellos, y eso pocas películas lo consiguen.

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A estas alturas, si seguís leyendo os aplaudo. Podría tirarme horas hablando de está película (¿voluntarios?) pero sé lo que estáis pensando: Laura, te estás olvidando de lo más importante. Pero no, quería dejar lo mejor para el final: La música.

No puedo ni explicaros lo que significa para mí esta banda sonora. Quizás lo más fácil que puedo hacer es deciros que desde hace dos semanas es lo único que escucho, o que me sé cada letra de cada canción, cada ritmo, cada nota suena en mi cabeza desde que me levanto hasta que me acuesto, y podría apostar que incluso sueño con ella. No puedo deciros una canción favorita, no puedo elegir, de verdad. Cada una de ellas tiene magia, aunque quizás siento debilidad por Epilogue, que une todas en una. Además de que esa escena son 7 minutos de BELLEZA.

Esta mañana, mientras trabajaba, la tenía de fondo (of course) y de repente ha sonado el timbre. Era el cartero y traía un paquete para mi chico. Pero ya me aviso ayer que había pedido algo para mí. Estoy segura de que ya sabéis lo que era. LA FELICIDAD.