Castro Urdiales

Detrás de estas fotos hay dos historias en las que casi nos quedamos sin Pandi... Ahora me río, pero en el día, casi nos da algo.

En mayo del año pasado cogimos el coche rumbo a Bilbao y Castro Urdiales. La idea del viaje era hacer fotos a determinados lugares para una investigación que mi chico estaba haciendo por entonces, así que invitamos a mi madre para que, además de que disfrutara, se quedara con Pandi en la calle mientras nosotros entrábamos en los lugares de interés.

Nada más llegar a Bilbao, la loca de mi perra nos dio el primer susto, y es que aún estando atada en el coche con el cinturón, estaba tan emocionada que quiso salir del coche rápido y claro, se quedó colgando de la puerta con el cinturón. ¡Que susto! Como lloraba y gimoteaba. Cuando por fin pudimos levantarla y soltarla, fue un alivio.

Por la tarde, fuimos a Castro Urdiales y después de hacer las fotos necesarias para el trabajo, nos dimos un paseo por la zona de la iglesia. Para poneros en contexto, la iglesia está en una zona muy alta del pueblo y los jardines están delimitados con una muro bajo de piedra que da a un acantilado al mar.

Pues bien, no se le ocurrió nada mejor a Pandi que decidir que quería ver que había tras el muro y salto con todas sus ganas encima, de tal manera que si no la llegamos a llevar atada, hubiera saltado por el muro y hubiera caído al mar Cantábrico. Aún tengo pesadillas con ese momento y doy gracias a los reflejos de mi chico, que frenaron el salto al vacío a tiempo tirando de la correa.

Mi perra es una inconsciente. Pero la quiero.