Ultimamente

Ayer odiaba Soria. Odiaba estar en la ciudad, estaba enfadada, frustrada, cansada y mis sentimientos solo eran de resentimiento y odio. No es un secreto que Soria no es especialmente de mi agrado. Es una ciudad pequeña,aislada, aburrida y fría (y no me refiero solo al tiempo). El verano en general no ha sido el mejor momento del año, ha sido duro, cuesta arriba y sin asfaltar. Ha hecho frío (mucho frío), ha hecho calor de ese que se te pega y te agobia, he reído, he llorado, he gritado, he callado, he estudiado, he procrastinado, he ido a Bilbao, me he bañado en el Lago de Sanabria, he fotografiado bodas, he conocido gente, me he olvidado de otros y en general me he sentido bastante sola. Suena divertido, ¿eh?

Pues bien, hace un rato ha comenzado a llover y me he asomado a la ventana para que el olor a humedad me arropará durante unos segundos. Entonces, he visto ese cielo que podéis admirar en la foto, y de repente se me ha olvidado todo, el mundo se ha parada y solo estaba yo, el cielo y la lluvia; y me he sentido bien, feliz y en paz, tranquila, sin odio, sin preocupaciones, sin frustración. 

Quizá Soria es la ciudad más triste de España (lo dicen las estadísticas, no lo digo yo), pero en lugar de centrarme en lo que no tiene y en lo que no me gusta, hoy prefiero centrarme en lo que significa estar aquí, con el amor de mi vida y darme cuenta de que todo está bien.